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del último mohicano, un tema musical y otras batallas

Quién no se ha preguntado cuál es la canción favorita de uno? O las cinco mejores? Las diez?  Es algo que ya recogía en un anuncio muy acertado los de Mercedes Benz, hace ahora un par de años, el hecho de que el mundo gira en torno a unas listas, siempre listas.

Y quién no sabe de la banda sonora del Último Mohicano? Imagino que a estas alturas de la vida a nadie extrañará que un post musical by naxmann trate de una banda sonora: a todos vosotros y vosotras que ya lo sabíais, suck me! Por lo demás, estos días en el cd del baño me estaba poniendo la banda sonora que comentamos: sí, ha pasado la revisión de ‘frecuencia de repetición superior a los 6 meses’, y sí, en un baño se puede escuchar música también, qué pasa. Pues eso, quien tenga la ocasión que escuche el tema 2, ‘Elk hunt’: menos de dos minutos. (en el youtube seguro que encontráis algo). La pregunta que me rondaba al escucharla era averiguar qué hace tan grande ese tema: esa curiosidad humana vuestra en busca de los orígenes…

El Último Mohicano –película- es obra de Michael Mann, hijo de judíos de Chicago. Director y productor de buen cine, puestas en escena de lo mejor que circula por Hollywood, que no obstante suele terminar uno de ver con cierto sabor de historias desaprovechadas. Para muestra, unos botones: Heat, Collateral, Enemigos Públicos con Depp y la Cotillard, o Miami Vice. Hasta hizo los primeros capítulos de la serie Starsky y Hutch y adaptó al cine a Hannibal Lecter años antes del Silencio de los Corderos. Lo raro, por tanto, es una película como la del mohicano: lejos de las ciudades, de los detectives, los coches y las playas, a unos cientos de años de la actualidad. Tal vez le vino la sensatez de aquellos años, los que le formaron, que pasó en Europa.

La banda sonora la firman dos, Trevor Jones y Randy Edelman. La diplomacia dice que Michael le pidió al bueno de Trevor una música electrónica, imagino que rollo predecesor de Plunkett y MacLean. Pero luego cambió de idea, y aprisa y corriendo le obligó a cambiarla a ‘modo orquesta’. Consecuencia? Que Trevor se queda sin tiempo, y para cubrir otras escenas de la película llama a Randy. Lo de quedarse sin tiempo, yo personalmente no me lo creo: debió plantarse y mandar a Michael a celebrar su Hannukah a Sebastopol como muy cerca.

 

Centrándonos en el tema, la canción es una de esas joyas con capacidades varias: teletransportación al estilo Goku a otros lugares y otros tiempos, erizar pelillos o despertar ánimos en caída libre. Es un tema ambiental, tanto que parece que se pueda oler la humedad de la lluvia sin abrir los ojos, que se pueda sentir el viento envolviendo el bosque, y escuchar el sonido del agua siguiendo un riachuelo perdido.

Y si tenemos la fortuna de poder atender a la música con buen sonido, encontramos que el tema lo forman dos pistas. La pista principal es la más audible y fuerte, cuerdas de violines que suenan desde el primer segundo, conduciendo con pulso firme y decidido, con ese halo que transmite toda la banda sonora mitad dramática, mitad heroica: cuerdas de guerra y de luchas donde la vida y la muerte se miran de frente. Y sin embargo, toda la fuerza y el sentimiento le viene de la segunda pista, la que late de fondo: cuerdas más sutiles, tambores de batalla no muy distantes, vibrando en todo momento. Al principio, la vibración es como el pulso sanguíneo a la vida: acompañando, dando fondo, descubriendo el ambiente, corriendo entre bosques y llevando oxígeno donde antes solo había un zumbido. Hacia la mitad del tema la vibración aumenta, el pulso se acelera, los olores de guerra se acrecientan: la batalla es segura. Y la esencia de la guerra, la esencia de la lucha, la firman no las hachas sino las manos que las empuñan. La tensión aumenta con cada segundo, la sangre cabalga, vuela, y los árboles ya no frenan las gotas: la lluvia lo alcanza todo. Al fin llega la grandeza final, el impulso final, el héroe mitológico dejando de hincarse de rodillas para erguirse en toda su gloria: es la unión de las dos pistas en el apoteosis final. Es la vida uniéndose a los sentidos, la sangre llenando la vida, la vida afrontando la batalla. El drama está servido, y el héroe, convertido en Uno.

Y cuándo sino es grande la vida? Acaso no lo es cuando se unen esas dos pistas?

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Categorías:Uncategorized
  1. lolo juan
    15 junio, 2010 en 0:56

    La vida, como los circos, mejor cuantas más pistas tiene.

    Seguramente alcanzaste el cénit atmosférico para escribir sobre las crestas mohicanas entre hierba recién segada del hogar y algo de levadura embotellada -seguramente de manufactura alemana-, envuelto entre las nebulosas de un lunes atípico y también algo cansino. Sí, ha sido un lunes de esos. Y de camino a casa imaginaste soltar a los peludos y hacerte al monte, como lo hiciera Nathaniel en Nueva Inglaterra.

    Corre mohicano, corre, que la vida son dos pistas.

  2. 23 agosto, 2017 en 4:13

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